domingo, 9 de mayo de 2010

SENSACION, EXPERIENCIA Y LENGUAJE.

Martha Yesenia Cortés Flores.


El contacto más directo con el mundo es el que se da por medio de los sentidos. La experiencia sensible es el medio primario para interactuar con el mundo, pues es inmediato y natural en el hombre dada su misma capacidad de sensación.

Desde el momento del nacimiento, los seres humanos comienzan a experimentar el mundo mediante su capacidad sensible, es en este sentido en que podría afirmarse la sensación como medio primario de interacción con el mundo.

Si bien la sensibilidad es una manera de conocer el mundo, no todo queda ahí pues este terreno no asegura por sí mismo una capacidad de comunicación. Es entonces donde entra en juego el lenguaje, el medio por el cual pueden hacerse decibles las experiencias.

El lenguaje es el que permite que la experiencia puramente sensible se traduzca en algo comunicable y comprensible, pues es el que ordena la experiencia y la “procesa” para convertirla en pensamiento (de este modo será comunicable).

Aceptamos la utilidad del lenguaje, pero, ¿qué es en realidad el lenguaje? ¿Cómo podríamos definirlo?

Lenguaje es un concepto difícil, por lo que no ahondaremos en una definición precisa de esta palabra, lo dejaremos simplemente como un sistema de comunicación (que es la definición más general que podría darse) y pasaremos a hablar de las lenguas.

Una lengua es la forma más evidente y principal de lenguaje. Ahora bien, ésta está conformada por sonidos que tienen algún significado, que evidentemente no es innato ni inherente a la naturaleza de estas articulaciones, por lo que podemos decir que estos sonidos que conforman la lengua son puramente el producto de convencionalismos.

Las palabras obtienen su significado por medio de acuerdos, sería descabellado pensar que por naturaleza significan lo que significan y no otra cosa (pues de ser así tendríamos que admitir que las lenguas tienen una naturaleza y origen independiente al del hombre). La intención de esto es tratar de afirmar que al menos las lenguas no son naturales.

Posiblemente exista en el hombre una capacidad o potencia de desarrollar un lenguaje, pero eso vendría a ser lo único natural dado que hemos desarrollado lengua como forma de lenguaje (aceptamos que no es la única pero si la principal), la cual está conformada por meros convencionalismos.

Cuando la experiencia sensible se procesa mediante el lenguaje para llegar a ser pensamiento y volverse comunicable, hablamos de que esta experiencia (directa) es traducida (o pretendemos traducirla) de una mera sensación, a expresiones mediadas por el lenguaje, en este caso y por lo general a un idioma en específico (puede traducirse en otros tipos de lenguaje). Es decir, a convencionalismos. Un convencionalismo no puede contener de ninguna manera un conocimiento total, por su misma condición de convención y su posibilidad de modificaciones. En palabras simples, las palabras significan lo que significan porque un grupo de personajes así lo decidió (pudiendo haber significado cualquier otra cosa) y están propensas a cambios con el tiempo sin mencionar las dificultades de interpretación de las mismas.

El problema que quisiera resaltar en la pretensión de encerrar en palabras la experiencia directa, es que en el proceso se modifica el contenido inicial de esta experiencia, pues su traducción al lenguaje implica adaptaciones que están limitadas por el lenguaje mismo porque no hay manera de comunicación posible más allá de éste.

Para poder comunicarnos coherentemente, el lenguaje se auxilia en gran medida de la lógica, pues mediante ésta se puede valorar el sentido de alguna enunciación. Pero esto también sugiere un problema en la comunicación de las experiencias, pues la lógica es también un sistema puramente humano que sirve para ordenar o tratar de encontrar un orden en el mundo con el fin de que podamos comprenderlo. El caso aquí es que esto no significa que este orden se encuentre de manera natural en el mundo, se trata de un constructo racional para tratar de comprender al último.

Esto da cabida a la posibilidad de que todo lo que pueda ser dicho sea una mera aproximación a lo que es el mundo por sí mismo, o no tenga relación con él en absoluto. Quienes establecemos esta relación somos nosotros, los usuarios del lenguaje (es decir la relación entre mundo y lo que se dice del mundo).

Pero esto de ninguna manera nos permite reducir al mundo a la comprensión que tenemos de él (mediante la lógica y el lenguaje), porque para llegar a ella se sigue un proceso en el que no se es NECESARIAMENTE fiel a la experiencia primaria de contacto con el mundo.

Con esto no pretendo desacreditar el valor y utilidad del lenguaje y de la lógica, pues son muy útiles y son las únicas herramientas con las que contamos para conocer el mundo, pero sí intento argumentar la tesis de que no se puede reducir el mundo a la percepción y comprensión que tenemos de él.

Otro punto a tratar es el problema de la interpretación. La comunicación puede llegar a ser un problema incluso entre los hablantes de una misma lengua, porque cada quien experiencía el mundo de manera diferente y el único conducto que tienen en común para expresar su experimentación es el lenguaje, por lo que cada quien debe ordenar y adaptar su experiencia a éste. Esto es una limitación, porque se traduce una vivencia singular a un sistema de comunicación general (lo que evidentemente implica modificaciones). La misma singularidad de experiencia de cada individuo es lo que abre puerta al problema de la interpretación, porque aunque se comunique algo no necesariamente se entiende lo que se pretendía comunicar. En palabras más simples, cada quien ve el mundo con y desde sus propios ojos, y por eso mismo no se puede entender total o parcialmente (según el caso) la experiencia que otros comunican. Por supuesto la intención no es culpar al lenguaje de esto (reitero que se reconoce su utilidad), es más bien una aceptación de la singularidad de cada individuo y las complicaciones que ésta establece en la comunicación.

El mismo problema de la interpretación se presenta en otros tipos de lenguaje que no son la lengua (por ejemplo el lenguaje corporal, el arte, la metáfora, entre otros), que si bien sirven también para expresar experiencias, me parece que son todavía más complejos de interpretar que la lengua misma (pues ésta mínimo tiene nociones básicas generales). Pensemos, por ejemplo, en el arte. No tiene reglas, ni parámetros a seguir, es un ejercicio de expresión libre. Imaginemos que estamos frente a una pintura de Monet, la observamos, la escudriñamos, podemos ver en ella cuantas cosas queramos, podemos encontrar mil mensajes, interpretarla de cientos de maneras. Pero, ¿podemos entender realmente lo que Monet estaba sintiendo al pintarla? ¿Podemos entender que era lo que intentaba decirnos con ella? No me parece así. Podemos rescatar muchas cosas de la pieza de arte, pero me parece casi imposible que seamos capaces de encontrar en ella la experiencia de Monet.

Claro que existen criterios estéticos que nos permiten evaluar la simetría y (de acuerdo a estos mismo parámetros) el valor estético de la obra, podemos también valorar la saturación, la tonalidad, y otros aspectos de la pintura. Pero estos criterios ofrecen poca ayuda para interpretar “correctamente” la idea que Monet pretendía plasmar en su obra, evaluarla desde una perspectiva estética es sólo un examen superficial que no aporta nada para encontrar una interpretación.

El mundo es más de lo que podemos decir. Existen muchas cosas que no tienen cabida en la lengua, y la imposibilidad de su enunciación no anula su existencia. Siguen estando ahí, siguen siendo parte del mundo, y siguen siendo un problema.

Wittgenstein decía: “de lo que no se puede hablar es mejor callar”, pero esto no soluciona de ninguna manera el problema, sólo lo desplaza un momento y con ello omitimos la posibilidad de decir algo acerca de esa parte de la realidad, lo cual no hace que deje de ser un problema ni mucho menos lo hace desaparecer. Él tal vez me respondería que lo que sea que se diga de estas cosas no podría calificarse de verdadero o falso, y por lo tanto esto no podría contribuir a un conocimiento porque se quedaría en meras opiniones. Pero, insisto, esto no soluciona el problema. Que sea difícil hablar de estas cosas no las anula del mundo, siguen siendo elementos que forman parte de nuestra realidad, y en tanto que lo son, no podemos desembarazarnos de ellos así como así. No siempre se habla con pretensiones de conocimiento.

Es posible que estas cosas puedan ser expresadas mediante otras formas de lenguaje, como el arte o la poesía, pero entonces volvemos a la situación de la interpretación y sus problemas. El arte y la poesía podrían oscurecer aún más la comprensión de ciertos elementos del mundo como podrían ser el bien y el mal, o los sentimientos.

A manera de conclusión, no podemos pretender encerrar el mundo en la compresión que somos capaces de alcanzar, porque la lengua no es natural y el lenguaje presenta obstáculos hermenéuticos en cualquiera de sus formas. Hay tanto que no tiene cabida en el lenguaje, que no podemos reducir la realidad a puro lenguaje. Nuevamente, reconozco su utilidad, y reconozco también que es la única herramienta que se tiene para conocer al mundo, pero me parece que no debemos reducir todo a simple lenguaje. No hay que confundir al mundo mismo con lo que se dice del mundo, pues los límites del lenguaje no son los límites del mundo.

3 comentarios:

  1. Me parece el mejor ensayo hasta el momento, esto por la fluidez, claridad, exposición y sobre todo, originalidad y argumentación.

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  2. Hola Yes, pienso que tu trabojo esta muy bien enmarcado en el desarrollo historico de la pregunta por el lenguaje, desde las primeras cuestiones sobre éste, hasta su formalización semiotica, bastante chido.
    Solo discrepo en el parrafo en que mencionas que el arte "no tiene reglas, ni parámetros a seguir": el arte como tal, si tienes reglas y parámetros ambiguamente marcados, que sean convencionalismos, no lo niego, pero existen.
    Otro aspecto relevante me parece es como cuestionas, al igual que Omar, al autor. finalmente ¿cuál es el titulo del texto que leíste?

    Mariano.

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  3. Mariano!
    Gracias por tu comentario, y por lo que mencionas del arte...
    Amh... pues textos propiamente no leí, fue un trabajo bastante improvisado que partió de mis ideas.
    Sólo le di una hojeada a un libro que se llamaba Wittgenstein, no recuerdo bien el autor pero no lo leí como se debía sólo fue como para tomar nociones básicas de filosofía del lenguaje

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