Ensayo: Filosofía del Lenguaje.
Taller de Investigación.
Estefano Cruz Servín.
A lo largo de la historia de la humanidad, en cada una de las civilizaciones, incluso en las primeras tribus o gens a existido una manera de comunicarse con los otros y de conocer el mundo. Esta manera de comunicarnos y de conocer es el lenguaje. Es verdad que, a lo largo de las distintas épocas de nuestra historia, el lenguaje no ha sido el mismo, desde la gran variedad de idiomas o lenguas que existen y de los distintos tipos de lenguaje que hay como el gestual o el corporal, hasta me arriesgaré a decir que los animales tienen un lenguaje.
Para prueba de lo anterior, de que lo animales poseen un lenguaje basta decir que el hombre es un animal. Podrá refutarse, que el hombre es un animal racional que ha evolucionado para tener conciencia de él y que ésta es la diferencia por la cual el hombre posee un lenguaje. Pero el hombre antes de tener un lenguaje articulado, antes de poder nombrar las cosas, de generar conceptos, se expresaba a través de un lenguaje primordialmente sonoro, onomatopéyico. Podemos hablar de un lenguaje primitivo que antes de expresar significados o conceptos claros, establecidos, antes de tener una sistematización respondía a las sensaciones o impresiones inmediatas del medio en que vivía y de esta forma es en la que los animales se comunican.
Queda claro que hay una gran variedad de tipos de lenguaje y que para cada uno es necesario un estudio a fondo pero lo que interesa aquí es abordar algunas problemáticas generales en torno al lenguaje. Ya se ha hablado del lenguaje como manera de comunicarnos, es decir, hay un emisor y un receptor, se está en un diálogo pero, ¿cómo sabemos que lo que decimos es entendido por el otro? Aquí entra el segundo aspecto del lenguaje, como forma de conocimiento, es decir, conocemos porque lo comunicamos porque lo expresamos. Pero esto no resuelve el problema porque se diría nos comunicamos porque lo conocemos y conocemos porque lo expresamos. Sería la misma pregunta sin respuesta para el lenguaje como conocimiento, ¿cómo sabemos que lo que decimos lo conocemos?
Platón introduce en el Crátilo dos tesis fundamentales para esta problemática. La primera, nos dice, que el lenguaje es asunto de consenso entre los hombres, esto soluciona la parte de la comunicación porque si nos ponemos de acuerdo en que tal objeto se llamará de tal forma o que tal palabra se referirá a tal situación lo podremos entender entre personas que estén bajo ese consenso. Pero esto quiere decir que se puede inventar cualquier palabra adjudicársela a cualquier objeto y hacerlo consenso para que ya se refiera a tal objeto, incluso, si fuera así no se soluciona el problema porque, ¿de dónde salieron las palabras anteriores para acordar la nueva palabra, con qué palabras o de qué forma se refirió al objeto o fenómeno que se va a nombrar antes de tener un nombre? Se cae en un absurdo de llegar a la primera palabra pero esa primera palabra no habría tenido posibilidad de formularse sin un lenguaje o sin más palabras anteriores, además, ¿a quién le corresponde asignar estos significados, de llevar el consenso?, ¿acaso hay un lenguaje predeterminado para designar los objetos, conocerlos y comunicarlos? Aquí la segunda tesis de Platón; la cual establecería que sí hay un lenguaje predeterminado que nos brindan los objetos, es decir, nuestro lenguaje tiene una relación directa con los objetos mencionados. Platón para comprobar esto se enfrasca en una búsqueda y esclarecimiento etimológico desde los nombres de los dioses hasta palabras más comunes, llega al punto donde el tema pierde toda su carga filosófica haciendo un estudio lingüístico riguroso del cual extrae cuatro o cinco terminaciones o moléculas del lenguaje de las cuales se derivan todas las palabras pero, ¿de dónde surgen estás moléculas? Platón nos dice que éstas están dadas por la divinidad y no da más explicación. Va más allá de esto, analizando letra por letra donde, por ejemplo, relaciona la “r” con el movimiento porque nuestra lengua se mueve al reproducirla y da algunas palabras relacionadas con el movimiento de ejemplo pero yo puedo decir “roca” y ésta no tiene nada que ver con el movimiento.
Bien podemos decir que la problemática del lenguaje se soluciona si se habla de un consenso y de una referencia directa con el objeto al mismo tiempo pero como vemos las dos tienen sus fallas y no quiere decir que al juntarlas los problemas de una se resuelvan con la otra tesis. Sin embargo, Platón introduce ya no de manera explícita sino como tentativa una tercera tesis; la proposición que, aunque se trate de una unión del consenso con la referencia directa de los objetos y un lenguaje predeterminado y divino lo que resulta de esto es una representación mental, Platón lo llamaría idea, es decir, ya no es el objeto ni la palabra en sí sino la representación mental del objeto que se hace a través de la palabra.
Hay pues un objeto, un fenómeno que al experimentarlo, al tener un contacto directo, sensible con él tenemos necesidad de expresarlo, de enunciarlo para conocerlo. Nuestra manera de conocer es expresándolo y así se genera un concepto, éste es objeto como palabra, es decir, “lluvia” al escribirla es un objeto independiente del objeto al que se refiere, es un símbolo, además es una sonoridad y por último hay una relación que se tiende entre el objeto y el símbolo que es el significado, la representación mental. Umberto Eco nos dice de esto, que un lenguaje consta de expresión y contenido y que cada uno de estos tiene una forma una sustancia y un continuum. La forma de la expresión serían todas la reglas de ortografía, sintaxis, incluso sonoras del lenguaje; la sustancia son las palabras que se forman, también las escritas y; el continuum sería toda la serie de sonidos o símbolos que hay en determinada lengua o incluso fuera de ella y que se excluyen para formar el lenguaje de acuerdo a sus reglas. El continuum del contenido sería todos los significados o todo lo que se puede decir de una palabra, de un concepto; la forma es la organización del continuum, las categorías, cosas u objetos específicos agrupados o clasificados, que tomaron una forma y; la sustancia del contenido representa cada uno de los significados que se le da a cierto enunciado, la relación del contenido con la expresión, la conjunción de todo.
Sin embargo, Eco advierte que cada lengua organiza de manera distinta contenido y expresión, que cada lengua tiene una visión del mundo propia, tiene su propia contextualización. De aquí otro problema, ¿qué tanto nos acercamos a la verdad?, ¿qué tanto nos entendemos fielmente o perfectamente? Podrá decirse que hay una imposibilidad de entenderse perfectamente o exactamente con otra persona, que a mi parecer es cierto, nunca sabremos con certeza si la persona entendió de manera concreta o exactamente lo que le decimos, nunca sabremos si está sintiendo igual que nosotros, esto es verdad. Pero en un mismo lenguaje o entre personas con un mismo lenguaje hay cosas comunes, esa contextualización, esa visión específica del mundo, propia de ese lenguaje que hace que las personas y las personas con los objetos puedan tender relaciones, representaciones o puentes mentales y comprenderse de cierta manera no del todo exacta o perfectamente bien pero en esa comunidad. La interpretación cargada con todas sus condiciones y su contexto es única, individual, particular pero que tiene comunidad con otras interpretaciones, con un lenguaje. Diría Aristóteles en su metafísica que conocemos a través de la experiencia que es particular pero que al repetirse experiencias de la misma especie podemos extraer lo común y generar el conocimiento. Así la interpretación es experiencia misma donde lo que se está comunicando, hablando es a la vez lo particular y lo común que da paso a que se genere un conocimiento verdadero. La verdad aunque no sepamos si es la absoluta y nunca lo sabremos, dentro de un lenguaje es una, es decir, accedemos a la verdad a través del lenguaje aunque no tengamos la certeza de que sea la verdad absoluta, la entendemos como verdad porque tiende esos puentes entre el objeto y nuestro lenguaje, con nuestra representación mental, porque es la manera en qué nos comunicamos con el objeto, en qué tenemos contacto con él, en qué lo conocemos, lo podemos enunciar y compartir, sin embargo la verdad no es estable y conforme avanza nuestro lenguaje, nuestra forma de expresarnos, la verdad, nuestra verdad se va desarrollando.
¿Pero qué pasa con lenguajes distintos o fuera de un lenguaje? Aquí el título de la obra que se toma como referencia de Umberto Eco, La búsqueda de la lengua perfecta. ¿Existe realmente una lengua única, absoluta, primera, verdadera? Nietzsche dice que la música, al contrario de lo que se cree, que a través de ella no se puede establecer nada, que cada quien siente distinto al escuchar una obra musical, que sólo expresa sentimientos, establece que no expresa sentimientos sino que ella genera los sentimientos. La música es la que nos permite el contacto directo con el fenómeno porque ella es el fenómeno mismo y el lenguaje, ella genera las sensaciones e imágenes o representaciones. Está bien aceptemos que sus mensajes no son claros, lo que comunica es subjetivo. Por un lado es cierto pero, ¿acaso lo subjetivo no puede expresar y conocer algo real? La propia música es lo real, es un lenguaje, un sistema propio de expresarse, puede compararse con el lenguaje primitivo del que se hablaba al principio que no expresa conceptos y significados concretos pero la música no carece de sistematización y, además, de aquel lenguaje primitivo se dieron las posibilidades de establecer un lenguaje, de sistematizarlo. ¡Cuidado! No se confunda. No estoy diciendo que la música sea ese lenguaje perfecto simplemente quiero dejar ver que hay lenguajes que no les hemos puesto atención, que la situación del lenguaje no es algo establecido y finiquitado sino que hay lenguajes que están creando. La filosofía en su tarea ardua de esclarecer conceptos, argumentándolos para dar paso a todas la visiones que inundan nuestra realidad; la poesía recreando el lenguaje, generando nuevas imágenes, rompiendo con la expresión común y cotidiana para dar paso a una expresión estética, intensa y pasional de nuestra vida, de la verdad, del mundo y; la música, como el ejemplo más radical, el lenguaje más abstracto y desconocido, que aún no entendemos, que se encuntra en los límites humanos.
Bibliografía:
Platón. Crátilo.
Eco, Umberto. La búsqueda de la lengua perfecta (Capítulos 1- 2). Traducción: Pons, María. Grijalbo Mondadori.
Nietzsche, Friedrich. Sobre la música y la palabra (fragmento inédito del año 1871).
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