TALLER DE INVESTIGACION II
Alumno: Joxim Gallegos Pérez
2°. Semestre
Sección 2
En primer término, podríamos definir el lenguaje como la capacidad humana de comunicarse con los de su misma especie por medio de un sistema estructurado que puede constituir otros a través del signo y sus manifestaciones en planos diferentes. En la filosofía del lenguaje se estudia entonces la relación lenguaje-pensamiento-mundo, analizando sus fenómenos, tales como el significado, su uso, su entendimiento, asimilación, interpretación, comunicación, llegándose a plantear algunas preguntas como las siguientes: ¿Qué significa que una oración sea verdadera?, ¿Cómo se relaciona el lenguaje con el mundo?, ¿Cómo construye nuestra realidad el lenguaje? El lenguaje vendría ser un instrumento por el cual el pensamiento tiene cauce y sentido, podría ser la materialización o el reflejo de la posibilidad de representación de la realidad, por lo que constituye una construcción cultural a priori al habla, todo ese torrente o caudal cultural fluye de generación en generación a través del lenguaje, cuando nacemos, toda esa estructura simbólica recae sobre nosotros, una especie de expresión transitiva que al igual que la materialidad de la cultura está ahí esperándonos cuando empezamos a existir.
Esta especie de cosificación del lenguaje se da en el sentido de que al empezar a interiorizar la realidad externa a través de los símbolos, se establece una ‘conexión’ o ducto invisible con el otro a partir del habla, la escritura, la pintura, el sonido, con la finalidad de que tal simbología sea inyectada en aquel, y es ahí, donde nuestra construcción simbólica queda coartada al conocer sólo ese ‘ducto’. Es una realidad que nuestra existencia humana es precedida por ciertas materialidades y multiplicidad de cosas, como la naturaleza, la tecnología, la cultura, la sociedad, y por supuesto, el lenguaje.
Las reflexiones en torno al lenguaje son fundamentales en multitud de ramas filosóficas tradicionalmente etiquetadas como pertenecientes a la filosofía, por ejemplo, la semiótica, la fenomenología, la ontología, el heideggerianismo, la hermenéutica, la deconstrucción, el estructuralismo, el existencialismo o la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt. La ligazón del lenguaje en nuestro contexto es tal que influye directamente en nuestra forma de vida y pensamiento; podríamos hablar incluso de un determinismo comunicacional, que impone las reglas del juego del lenguaje. Heidegger irrumpe precisamente tales reglas o códigos del lenguaje al proponer una nueva significación de las palabras en su filosofía (la invención de su concepto fundante de Ser-en-el-mundo, se centra en el habla, esto es, en el empleo que se realiza del lenguaje de forma cotidiana), con la finalidad de no ser arrastrado en el remolino de la conceptualización de las palabras, realiza una especie de desdoblamiento desde el mismo concepto, para apartar la generalización del significado en otra más explícita y puntual, descargando así, la saturación y sobre-significación de las palabras; en eso consiste su giro lingüístico.
Ludwig Wittgenstein plantearía en su Tractatus lógico-philosophicus la relación binomial lenguaje-mundo como estructura posible de comprensión de éste. En este sentido, lo expresable a través de la lógica constituye los ‘estados de hechos’, así en su tesis 1.: “El mundo es todo lo que es el caso”[1], así las posibilidades del espacio relacional entre cosas viene a dar si estas son verdaderas o falsas, pero en conjunto conforman la totalidad de posibilidades: 1.12. “Pues la totalidad de los hechos determina lo que es el caso y también todo lo que no es el caso”. Es precisamente el espacio relacional de las cosas lo que constituye su realidad, dicho de otro modo, solamente podemos hablar de cosas u objetos a partir del contexto en el cual estos aparecen de forma real, por ejemplo, no podríamos hablar de un automóvil sin el contexto en el que éste aparece e implica, su ámbito espacial lo conformaría también la existencia de un camino, la gente que lo aborda, así como su destino: 2.012. “… Del mismo modo que no podemos en modo alguno pensar en objetos espaciales fuera del espacio, ni temporales fuera del tiempo, tampoco podemos pensar ningún objeto fuera de la posibilidad de su combinación con otros objetos. Si puedo pensar un objeto en el entramado de un estado de cosas, entonces no puedo pensarlo fuera de la posibilidad de ese entramado”[2] y continúa “Cada cosa está, por así decirlo, en un espacio de posibles estados de cosas. Puedo imaginarme ese espacio vacío, pero no la cosa sin el espacio.”[3]. De esta forma podríamos hablar del mundo relacional y asociativo de cosas que solamente a través de la lógica se puede ir ‘deshilando’, los límites del mundo son los de la lógica, y es también en este sentido en que el lenguaje va colocando las fronteras de lo que se puede describir y de lo que no, por lo que de esta forma en su tesis 5.6 escribiría: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”[4], de este modo la relación mundo-pensamiento-lenguaje se ven comprendidos en la forma lógica en que estos son referenciados. La estructura del Tractatus está en forma de manual, al ir las tesis flanqueadas por una serie de conjuntos de números que envuelven a otros, éste hecho singular lleva a observar que tanto la forma de lo escrito como lo contenido en él son una extensión de la forma estructural y lógica de su pensamiento, viene a ser un manual del lenguaje, un manual de un aparato del que el pensamiento se vale para conectar con el mundo y todo lo que éste contenga, sería como el superconjunto de los conjuntos, una especie de metaconjunto. Aún en él, existe algo de lo que prefiere no hablar, no hablar del conjunto metafísico, es decir, de lo inexpresable; el Tractatus viene siendo una especie de biblia pro-científica, en efecto, una apología a la ciencia, dado que ésta es la única que puede mostrar de lo que habla, y al mismo tiempo, una rémora de la metafísica al señalar y mostrar lo que no puede expresarse, no porque no sea posible, si no porque no puede mostrarse: 7. “De lo que no se puede hablar, hay que callar la boca”. Al modo Platónico pero a la inversa, Wittgenstein sustituye el mundo inteligible por el mundo simbólico-lógico, donde el mundo real es reflejado sobre la trama del lenguaje que puede representarlo. De esta forma al modo Kantiano, Wittgenstein reformula lo noúmeno (lo que la cosa sea en sí misma no lo sabemos) al modo moderno: 3.221. “A los objetos sólo los puedo nombrar. Los signos son sus representantes. Sólo puedo hablar de ellos, no puedo expresarlos. Una proposición sólo puede decir cómo es una cosa, no lo que es.”.
Jaques Lacan, introduce en el psicoanálisis la palabra como disipadora entre la trabazón de lo simbólico-imaginario-real, para él “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”; la palabra es el medio por el cual el inconsciente camina, y que solo el sujeto que lo forma es quien se encarga de descifrarlo a través del habla, embudo por el que salen los actos fallidos, los sueños y los lapsus: “… la noción de estructura es ya en sí misma una manifestación del significado … Interesarse por la estructura es no poder descuidar el significante”[5].
Desde mi punto de vista, la representación del mundo hasta hoy, no son otra cosa más que las metamorfosis de los símbolos que a través del tiempo convierten la palabra en intersubjetividad, trazándose formas variadas de lenguaje que denotan el inexorable intento de conectar con el otro. Cada palabra escrita es ya el mundo o los mundos que constituyen la percepción del que lo escribe, cada palabra leída es una medida con nuestro pensamiento, es leer el mundo con las experiencias brindadas de épocas y lugares diferentes; es leer la mente de otro semejante, leer de afuera hacia adentro, desde nuestro interior hasta el interior del otro caminando por el puente de la palabra. Sin duda alguna la importancia del lenguaje en la autoconstitución humana es innegable; el lenguaje es aquello con lo que el hombre ha sobrevivido en el mundo, es la posibilidad de su existencia misma en el mundo, sin él, su relación con el otro queda nulificada, sería como ir a ciegas donde solo viendo no se cae en el abismo, sería como no escuchar la máquina que nos arrolla a nuestras espaldas, seríamos solo un símbolo sin relación en el mundo, seríamos solo una letra que nadie lee, y quizás por esto la atomización de la sociedad, la descohesión del lenguaje como el hilo inductor de conjunto, el conjunto ha devenido en átomos dispersos, en soledad y ausencia de relación.
[1] Tractatus lógico-philosophicus, Ed. Tecnos, 3ª. Edición 2007, p. 107.
[2] Ibídem p. 110
[3] Ibídem p. 112
[4] Ibídem p. 234
[5] Seminario 3, Ed. Paidos, p. 262.
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Que tal Joxim, de manera general, pienso que tu trabajo expresa la relación del yo, interpretando y contruyendo, como lo mencionas "la materialidad de la realidad". Y es precisamente este punto el que más llamo mi atención en tu redacción.
ResponderEliminarMariano.