viernes, 18 de junio de 2010

Filosofía del lenguaje y filosofía

María del Carmen Ávila Ramirez

Una de las características más importantes de la filosofía del siglo XX es lo que se ha de llamar su giro lingüístico. A la influenza de este giro no han escapado las corrientes filosóficas vigentes, ya se trate de la fenomenomología, de la hermenéutica, del marxismo, etc.… por no hablar de la filosofía analítica, origen y eje de este cambio. Este giro lingüístico se puede caracterizar, breve y toscamente, como la creciente tendencia a tratar los problemas filosóficos a partir del examen de la forma en que estos están encarnados en el lenguaje natural.

Este cambio de orientación filosófica ha dado una dimensión nueva a los estudios sobre el lenguaje, una dimensión si se quiere decir así, no filológica. De hecho, la parcela de investigación lingüística tradicional ha sido invadida desde los comienzos del siglo no solo por los filósofos, sino también por los sociólogos, psicólogos y antropológicos. Todo esto ah tenido como efecto un ensanchamiento y una profundización en la comprensión de lo que se considera como el aspecto distintivo de la especie, el lenguaje natural.

El giro lingüístico de las metodologías filosóficas se ha hecho presente asimismo en todas sus disciplinas, desde las más abstractas hasta las más ligeras con la acción humana concreta. Esta es una de las razones por las que la filosofía del lenguaje constituye hoy en día en la mayoría de las universidades del mundo una parte importante eh insustituible de los estudios filosóficos. Es más, en muchas ocasiones es precisamente la filosofía del lenguaje la disciplina que tiende un puente hacia ciencias empíricas como la lingüística y la psicología a través del cual la filosofía toda resulta fecundada, renovada.

En nuestro país, no obstante y a pesar de la creciente relevancia y peso especifico que va adquiriendo en alguna de sus universidades más importantes, la filosofía del lenguaje no ocupa aun el lugar que le corresponde.

La filosofía del lenguaje, como la lógica y la filosofía de la ciencia, tienen un carácter en cierto modo previo, prerrequisito indispensable del estudio rigoroso de los problemas característicos de las demás ramas filosóficas.

Los problemas filosóficos se plantean hoy en día como cuestiones o interrogantes sobre supuestas entidades como la materia o el conocimiento, sino se los formula y aborda incardinados en su realidad lingüística.

La naturaleza del giro lingüístico en filosofía es tal que, como condición a priori del geniudo análisis conceptual, se da el análisis lingüístico de las expresiones que tradicionalmente han formulado los problemas filosóficos. Esto no quiere decir que los problemas filosóficos como tales carezcan de sentido o se reduzcan a meros problemas lingüísticos acerca del sentido de unos cuantos enunciados, como de un modo optimista o pesimista, según se considero las corrientes filosóficas importantes a principios del siglo, como el neopositivismo o el atomismo lógico.

La filosofía del lenguaje resuelve problemas que en todo caso, son de naturaleza lingüística, pero su importancia no reside sólo en este simple hecho sino también en que ayuda e plantear con más precisión y claridad los problemas típicos de las disciplinas filosóficas. Por ejemplo, la filosofía del lenguaje tiene su parte en el enfoque de uno de los problemas más acuciantes en la actualidad, el de la acción racional o de la racionalidad.

La filosofía del lenguaje no podrá, ni deberá a este respecto cuando nuestras acciones racionales, pero en cambio si que podrá a dilucidar el concepto de racionalidad, pues un concepto que utilizamos, a través de múltiples expresiones lingüísticas, cotidianamente. Del mismo modo podrá y deberá participar en el análisis conceptual que procede a toda elucidación teórica a través de instrumentos que ha desarrollado a lo largo de su historia como disciplina.

Dentro del ámbito filosófico, la disciplina que guarda una relación más estrecha con la filosofía del lenguaje es la lógica. En la medida en que la lógica formal moderna aspira a ser teoría científica del razonamiento válido, constituye una teoría directamente implicada en cuestiones lingüísticas.

Otra disciplina filosófica para la que ha tenido y tiene relevancia el estudio de la filosofía del lenguaje es la teoría del conocimiento o epistemología.

Entre filosofía del lenguaje, lógica y epistemología existe un tradicional problema en teoría del conocimiento sobre el que la filosofía del lenguaje ha reflexionado mucho en su corta historia. Se trata del problema de la distinción entre analítico y sintético. Esta distinción ah sido puesta en cuestión en la filosofía contemporánea de la ciencia con argumentos muy convincentes que, sin embargo, no han podido eliminar la distinción derivada entre oraciones analíticas y sintéticas. Generalmente se admite que los enunciados analíticos expresan precisamente el conocimiento analítico, verdadero en toda ocasión y circunstancia, mientras que los enunciados sintéticos dependen de su verdad o falsedad de los estados de cosas o hechos que configuran el mundo real. La filosofía del lenguaje contribuye a aclarar la naturaleza de esas oraciones y a la formulación de una teoría general sobre la analiticidad o verdad en virtud del significado.

Por otro lado la filosofía del lenguaje también mantiene estrecho contacto con la más tradicional de las disciplinas filosóficas, la ontología. Desde hace tiempo la ontología pretende decirnos lo que hay, las cosas y hechos que contribuyen la realidad y las diferentes clases a las que pertenecen. La conexión entre la filosofía del lenguaje y la ontología procede desde tiempos clásicos.

Tanto la lógica como la filosofía del lenguaje han tratado de separar la ontología de las estériles teorías metafísicas y acercarla a la realidad concreta del pensamiento humano tal como este se expresa en el lenguaje natural.

Definir la filosofía del lenguaje desde un punto de vista histórico, como la disciplina que trata de un conjunto de problemas acumulados en su desarrollo, como el problema del principio de sustituibilidad, de la inescrutabilidad de la referencia, del relativismo lingüístico, etc. es igualmente insatisfactorio.

La filosofía del lenguaje, como disciplina en expansión, es mucho más que todo eso. Básicamente, como formulación puramente descriptiva, cabe afirmar que se desarrolla en tres direcciones: la metodología de la lingüística, la investigación de los fundamentos de esta ciencia y lo que, a falta de mejor denominación, se puede llamar lingüística filosófica.

El libro que consulte fue Introducción a la Filosofía del Lenguaje.

Juan José Acero, Eduardo Bastos, Daniel Quesada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario