facultad de Filosofia. Taller de Investigacion II. Sergio Isaias Sanchez Cortes. Seccion 02. "Filosofia del Lenguaje"
Basado en Acero, Juan José; “Introducción a la filosofía del lenguaje”, Capitulo 9, “Actos del Habla”, apartado 9.2 “El Uso de las palabras y el análisis filosófico”, págs. 201-204.
¡Cuán infinitamente variado es el uso que le damos a aquel universo complejo e ilimitado que denominamos como palabras! Con este universo, vasto, omniabarcante e infinito, diariamente estamos en contacto pues nuestras bocas a cada momento le están manifestando y haciendo tangible, a todo tiempo somos su instrumento, a cada instante sus profetas, pero solamente en contadas ocasiones somos conscientes de lo que nuestros labios profieren. O mejor dicho, casi nunca ponemos atención al empleo o uso adecuado que les estamos dando. Solo abrimos nuestras fauces y dejamos que aquello digno de los dioses salga sin sentido a perderse en el vacío de la vaguedad y lo incierto de lo ambiguo.
Peligroso y riesgoso es hablar por hablar, hasta las bestias podrían hacerlo si tan solo un lenguaje propiamente dicho como el nuestro tuvieran. Allí tenemos el caso de los loros que a través de la reproducción y repetición, de la mera cacofonía nuestro lenguaje en su vida animal emplean.
Como claramente se ve en el ejemplo anteriormente referido, la palabrería, la verborrea, puede ser usada por cualquiera, desde los animales hasta los políticos, desde los dizque filósofos hasta los dizque rapsodas o en su defecto poetas, desde el castrante merolico de la calle hasta el inepto senador en la asamblea, solo pocos articulan las palabras de apropiada manera.
De allí la importancia del uso conveniente y adecuado de las palabras, de tener noción de su significado y sentido. El significado de nuestras palabras y su sentido se encuentra en la oración, no en la palabra(s) por sí misma(s); la esencia de las palabras radica en la oración, es en ésta (la oración) donde vislumbramos la verdadera significación de éstas. Por eso la correcta construcción de las oraciones el éxito acarrea y su incorrecta elaboración el fracaso conlleva.
Pero tal vez se preguntarán: ¿qué tiene que ver todo esto que he escrito con la filosofía y cuál es la competencia de ésta en el tema? Pues ni más ni menos que la filosofía desde tiempos inmemoriales, desde sus inicios hasta nuestros días, del lenguaje se sirve para exponer sus problemas; las palabras son el vehículo por el cual la filosofía sus problemáticas enumera; términos tales como: ‘bondad’, ‘verdad y ‘conocimiento’ o mejor dicho de esta manera, palabras como ‘bueno’, ‘verdadero’ y ‘saber’ son de filosófica naturaleza, estos términos, como dice Juan José Acero: “de tan grande raigambre filosófica, por el tamiz del uso en los juegos del lenguaje fueron pasados”
Yo concuerdo con él, estos términos previamente referidos (‘bueno’, ‘verdadero’, ‘saber’) los cuales, en nuestro transcurrir académico, hemos escuchado y con su uso estamos un poco familiarizados, son juegos de lenguaje, con ellos a diario jugamos.
De nuevo cito a Juan José Acero: “Alabar, elogiar o recomendar, por un lado, confirmar, asegurar, admitir, por otro, y sentar la autoridad de uno sobre cierta materia, son también juegos de lenguaje. Son juegos en los cuales el uso o los usos de cada una de las palabras a anteriores queda, respectivamente, elucidado”
A mi parecer, diré que toda palabra bien articulada y bien aplicada es un jugar con el lenguaje, este juego lleva implícito la usanza de palabras, el uso que se les da a éstas en los juegos lingüísticos implica que el significado este tácitamente revelado.
Uno alaba a una persona por ser buena, elogiamos al virtuoso o recomendamos tal o cual libro, todos estos son juegos del lenguaje que con oraciones encubrimos. Estas palabras y otras miles más, usamos para realizar específicas acciones en el juego del lenguaje correspondido.
El papel del hombre, maestre artesano del lenguaje, en este(os) juego(s) lingüísticos, es el de proferir palabras como las antes mencionadas (bueno, verdad, saber, alabar, elogiar, recomendar, confirmar, admitir, asegurar, etcétera y así hasta el infinito), para llevar a cabo actos del habla bien definidos.
Mucho en esta cuestión de los actos no ahondaré, más bien me remitiré a solo enunciarlos y dar una definición de ellos escueta. Tal como lo maneja el autor con anterioridad aludido, hay tres tipos de actos del habla, locutivo, inlocutivo y perlocutivo. El primero es un acto consistente en decir algo; el segundo se describe como el acto que se realiza al decir algo; un acto perlocutivo, por último, es el acto que uno realiza por el hecho de haber efectuado un acto que se ejecuta al decir algo, o sea un acto inlocutivo.
En mis propias palabras los actos del habla son aquellos actos que se efectúan por el simple hecho de pronunciar palabras, pero todo en una correcta forma y con un adecuado sentido.
Como conclusión y en mi opinión, empatada con la del autor, expresaré que la filosofía tiene múltiples y variadas patologías, la del lenguaje es una de ellas, ésta enfermedad le aqueja en sus problemas, la única cura es que se le den terapias o tratamientos lingüísticos que examinen de raíz que actos de habla alguien emplea, sea el filosofo que sea, cuando designa que algo es bueno o que algo es verdadero por poner ejemplos cualquiera. Pero siempre se tiene que tener presente que la terapia no es solo una, sino muchas, y que esta multiplicidad de tratamientos filológicos es la única vía para calmar los achaques de inquietud de los filósofos sobre esta cuestión explicitada de manera previa.
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Que tranza man, oye no mames kaon, tu trabajo como que proyecta una fuerza energica bien cabrona, y la manera de estructurar tu discurso, me dejaron la sensacion de una lectura con un ritmo ampliamente digerible.
ResponderEliminarDe manera general me agrada el detenimiento, para con el habla que espusiste.